domingo, 19 de julio de 2009

Sin palabras


Imagen: Moon

Venían de todas las esquinas del mundo a hablar con ella. Octogenaria, sabia, ciega, tradicional, hecha de tierra y musgo. Se decía que el viento podía hablar con ella, que le susurraba palabras al oído, para quien las necesitara. Una palabra para cada menesteroso, para aquél con penas de amor, para aquéllos que no podían dormir, para los tristes, para los pobres, para los desafortunados. Palabras de aliento, de ayuda, de consuelo.

Cuando yo recibí la palabra de ella, se me desangraba el alma. Me habían dicho que no le dijera nada, que no la mirara a los ojos. Que me arrodillara en silencio a su lado. Así lo hice. La vieja me leyó entera. Sentí una brisa suave, ella cerró los ojos y pronunció una palabra que no entendí. Miré a la joven al fondo de la habitación y moví la cabeza, confundida. La mujer repitió la palabra. Sin querer y, por pura costumbre, miré a la anciana y le dije “Gracias”. La joven me miró espantada. Un rostro amable y lleno de arrugas me devolvió la mirada serenamente y se disolvió, se convirtió en un montón de polvo que el viento de sus amores arrasó. Tantos años escuchando al viento, enamorándose de él y él de ella. Días y noches enteras que él le cantaba al oído y ella se dejaba amar. Así, en silencio, en secreto.

Yo rompí el hechizo. Los dos corren por el mundo amándose entre los árboles y jugando con la lluvia. Siempre me preguntaré qué palabra fue la que me dijo.

1 comentario:

jose rasero b. dijo...

Uy, este se me pasó en su momento. Yo también me lo preguntaré siempre...
Besos con retraso!!