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viernes, 18 de setiembre de 2009

Llegadas



Imagen: Moon

Miraba por la ventana. Esperando. Él llegaría, como siempre, cuando la luna esté redonda y madura como el amor que ella sentía. Aguardaba. Y su rostro se iluminaba al ver la silueta masculina marcarse en el horizonte. Él se aproximaba, augusto, grande, amable. Ella explotaba de amor previamente, sin que él la haya tocado aún, sin haberla mirado siquiera. Él se sentía en casa, por fin. Recibiría un abrazo y un beso, el calor de la noche y la humedad de la madrugada. Ella imaginaba sus manos recorriéndola bajo la luz de las velas, deseaba entregarse y dejarse llevar por el ritmo de un corazón desbocado. Él se sentía cada vez más cerca, casi no podía esperar a ser presa de esos brazos que él amaba. Ella lo vería cruzar la puerta y se imaginaría lo que sería abrazarle. Pero no, tampoco esta noche. Ninguna noche. Porque él siempre entraría a la casa vecina. Y ella seguiría esperando inútilmente.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Contigo a lo lejos


Y aquí me ves,
esperando tu señal.
Aguardando, en vilo,
con el corazón en los labios,
listo para dártelo en el mismo beso
de todas las noches.
El beso que te tengo prometido.

Aquí estoy,
cayendo en tu red.
Haciendo nada, sólo cayendo.
Porque me vas a atrapar,
y de esos brazos no voy a salir,
deliciosa prisión tu voz
y mis suspiros.

miércoles, 7 de enero de 2009

Respóndeme

¿Qué significa este vacío?
¿Qué significa esta pena?
¿Dónde está la estrella que suele acompañarme cada noche?
¿Qué me queda sin ti?
¿Qué he de hacer sin tus pasos para recorrer los míos?
¿Cómo poder remediar el daño causado?
¿Existe la palabra solución?
¿Es posible extrañarte tanto?
¿Dónde estás que no estás conmigo para abrazarme?
¿Escuchas mis latidos tristes?
¿Oyes mi voz llamándote como la bruma marina?
¿Cómo haré para besarme sin tus labios?
¿Estoy sola en todo esto?
¿No entiendes que te quiero?
¿Me puedes ver?
¿Qué hay en tu corazón?
¿Puedo dejar de preguntar y esperar alguna respuesta?

Escribiría tu nombre, pero ya no lo tengo.



Quizá porque he empezado a olvidarte es que has vuelto al encuentro de mi recuerdo.

Es el tiempo solamente números, quince, dieciséis años, tres horas, veinte días. Aquellos momentos en los que formaste parte de mis días jóvenes. No puedo evocar tu nombre, lo he extraviado. Con nuestras vidas nuevas, con la vitalidad de tus cabellos y tus sueños, los idiomas raros, tus cartas, tu madre, tus migrañas imposibles, tus ausencias, tus regresos.

Un día te fuiste. Y no volviste más. No lo comprendí en ese momento y sigo sin entender. Imagino tu intenso grito de dolor ante la explosión y luego la luz, el silencio. ¿Qué fue lo último que viste? ¿Presenciaste el rostro de la paz?

Ayer te vi pasar como un ángel.

Quizá porque hoy tengo migraña es que pienso en ti.

Donde quiera que estés, amiga mía, donde quiera que estés, hasta siempre.